Te lo pones, coges al peque y sales.
Nueve segundos. Una correa. Y cuando no lo llevas puesto, cabe en el bolso.
Lo que cambia no son los nueve segundos
Haces la compra, preparas la cena, doblas la ropa.
Todo con él encima, pegadito, tranquilo.

No es un fular. No es una mochila.
Ninguno de los dos está mal. Es que se pensaron para caminatas de tres horas.
Esto se pensó para bajar veinte minutos.

Uno para ti. Otro para él.
El peque sigue pegado a alguien, y tú terminas lo que empezaste. Por eso ahora, al comprar uno, te llevas el segundo de regalo.

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